Tenía en la cara algún objeto borroso que había aparecido mientras dormía, y encima de mí un montón de peso, que tampoco sabia de donde había salido. Se oían también lejanas voces reverberadas, lo que parecía una desbocada entrevista a semi gritos.
Levanté la cabeza. El comedor, así como yo mismo, estaba cubierto de informes económicos, recortes de prensa y notas de “sociedad”, todo mezclado con un montón de dípticos azulados con dos pes, de las más mayúsculas. Algunos globos con pájaros, también azulados, flotaban aún por la habitación. Los otros esperaban un golpe de aire para despegar. Era evidente que habían echado un noticiario.







