"perdida corbata azul" (relato, 2001) versión en castellano para Gara

Tenía en la cara algún objeto borroso que había aparecido mientras dormía, y encima de mí un montón de peso, que tampoco sabia de donde había salido. Se oían también lejanas voces reverberadas, lo que parecía una desbocada entrevista a semi gritos.

Levanté la cabeza. El comedor, así como yo mismo, estaba cubierto de informes económicos, recortes de prensa y notas de “sociedad”, todo mezclado con un montón de dípticos azulados con dos pes, de las más mayúsculas. Algunos globos con pájaros, también azulados, flotaban aún por la habitación. Los otros esperaban un golpe de aire para despegar. Era evidente que habían echado un noticiario.

Rápidamente, tanto como me permitían mis entumecidos reflejos, me incorporé en el sofá, buscando entre las pilas de propaganda. Desobedeciendo todas las advertencias de los colegas, me había dormido después de comer, con la tele encendida, gracias a mis lecturas en plena digestión.

Me levanté del todo y busqué la mesilla debajo de los caramelos, piruletas, bolígrafos y gorras que difundían los mismos lemas que ya había leído en los dipticos.

En aquellos momentos, la entrevistadora acababa de despachar a un miembro de la oposición minoritaria, arrojándole la Sagrada Constitución delante de nuestras narices, y rematándolo con un sipiajo sulfuroso.

Acto seguido cambiaron la iluminación. Después de un recorrido espiral por el techo del plató, que el personal de la limpieza aprovechó para retirar el cuerpo achicharrado del disidente y pasar la bayeta, la cámara volvió a enfocar a la periodista.
La cazaron secándose las babas con el dorso de la mano, embelesada, con la mirada fija hacia el nuevo invitado, aún fuera de cuadro.

Justo entonces encontré el mando, enterrado bajo seis encuestas que demostraban el bienaventurado vasallaje de toda la ciudadanía al gobierno.

Una vez cargué el dedo gordo sobre el botón de apagado, apuntando ya hacia la tele, descubrí que los entrevistadores secundarios, un poco más alejados, se agarraban a las sillas para evitar lanzarse encima del nuevo invitado y besarlo apasionadamente.

Pulsé rápidamente, decidido a terminar con aquello de una vez por todas, pero no conseguí nada. Desesperado, apreté con la izquierda el tronado porta pilas para establecer contacto, pero justo en aquel momento una musiquilla celestial realizó la anunciación.

En un primer plano apareció un tal “Ministro del interior”, cargado de maquillaje y con una aureola fosforescente digitalizada.
Parecía realmente un santo.

Aquella visión fue ya demasiado para mí. En vez de apagar la tele, subí el volumen para utilizar sus profecías de fondo e inspiración para la prédica que realicé desde la ventana.

Así, recogí los globos del comedor con alegres saltitos, y colgándolos de la baranda anuncié la buena nueva a todos los vecinos.

Fue entonces cuando, en pleno éxtasis espiritual, se me cayó la corbata, firmada por otro tal “Presidente del gobierno”, que había encontrado entre el “merchadinsing”, procedente sin duda de algún sorteo que habría ganado mientras dormía, por el solo hecho de tener la tele encendida.

Con tan mala suerte que cayó en el techo de un Opel Corsa blanco, del que no conseguí captar la matrícula.

Por todo lo expuesto, ruego a todos los que lean este anuncio que en caso de encontrarla se pongan en contacto conmigo. Gratificaré simbólicamente, ya que no puede ser de otro modo, su devolución. Mi dignidad ya la doy por perdida, pero con lo que me den por la corbata podría olvidarme de los hechos este mismo fin de semana.

Traducción del original en catalán ("perduda corbata blava") publicado en la recopilación de cuentos del autor "Revolta Alcalina" el Marzo de 2001.
Publicado en el periódico Gara el 21/04/2000.

• revolta alcalina • • 2000

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