"la última retransmisión" (relato breve)

La primera carta me la devolvió rasgada, dentro de un sobre, sin nada más en el interior. La segunda me llegó quemada, igualmente como única respuesta. He recibido la tercera sin abrir y lo he dejado correr.
En parte me sabe mal, pero es mejor así.
Cuando Chusqui estuvo en casa por última vez, hace ahora unos meses, ya no íbamos muy bien.
Entró fumando sin saludar y enseguida fue a lo suyo, apenas me había vuelto a sentar para terminar mi almuerzo.
- Es que eres un pasivo, eres más tranquilo que un chopo, tio.
Hice un círculo dentro de la última rebanada con la mermelada de fresa. Después llené los bordes, lo que quedaba de pan, con la de melocotón, y contesté antes del mordisco,
- Seré muy tranquilo, pero no pasivo.
- Pero si eres un encantado, ¡llevas horchata en las venas!
Me tragué el bocado con parsimonia.
- Ya. Soy culpable de pasividad porque, cuando no curro, cocino o toco la guitarra, pero no me paso el día mirando la tele como tú, ¿no?
- ¿Ves? Eso es lo que te decía ayer: ¡No respetas las opiniones de los demás!
- ¡Ser tranquilo no es ser pasivo! Para mí es más activo preparar un artículo para el fanzin, por ejemplo, que coger el carro e ir dando vueltas por el pueblo.
- ¡Es que me pones histérico, histérico! ¡No aceptas mi opinión, no quieres reconocer que eres un pasivo!
- Dame algún argumento, venga.
- Es lo que yo pienso. – Me dijo, señalándose a sí mismo.
- O sea, que lo que tu piensas es verdad, sólo porque tú lo pienses, y para respetar tu opinión, ¿tengo que estar de acuerdo contigo?
Tiró de sus cabellos con las dos manos, intentando expresar simbólicamente la paciencia que le hacía falta para aguantarme. Después se encendió un cigarrillo con el que había entrado fumando, antes de estrujar este en el cenicero.
Empecé a recoger las cosas, impaciente.
- Recoge la mesa, que después da pereza. – Me ordenó.
- Ah, ¿Me obligas?
Me llevé el plato y los dos botes hasta la cocina, preguntándome que mérito querría atribuirse al mandarme que hiciera lo que yo ya estaba haciendo.
En la nevera quedaban dos yogures. Los abrí tal como venían, unidos entre ellos, y a uno le eché azúcar. Mientras lo mezclaba, apoyado en la pica, y hasta que volví al comedor, estuvo hablando.
Me senté en el sofá a pulso. Cogí de azucarado con la cuchara y terminé de llenarla con el otro. El ácido parecía más frío contrastado con el dulce pastoso.
Acabé rápidamente con los dos. Él por entonces fumaba pensativo, mirando fijamente hacia alguna parte. Los lancé a la basura, y acababa de sentarme otra vez cuando llamaron a la puerta. Mientras me levantaba, apoyándome en la mesilla, me salió con “Hay que ir a abrir, han llamado”.
- ¿Estás retransmitiendo alguna cosa? No sé, a lo mejor trabajas en la radio.
Se hundió un poco más en el sofá.
Fui a abrir, una carta necesitaba mi firma.
Al volver por el pasadizo lo oía de nuevo. Continuaba salivando, buscando, entre lo que había dicho, las mejores frases para repetirlas y mantener el absurdo. Hasta que reparó en que no lo escuchaba.
- ¿Qué?¿Te pasa algo?
- Me pasas tú.
- Bueno, esto ya es el colmo, no he venido aquí a aguantarte.
Aplastó el nuevo cigarrillo que iba a encenderse en el cenicero. Se largaba.
- Te vas. – Le dije.
Me miró bastante mal.
Cuando ya estaba fuera, en el rellano, sonó el teléfono. Cerré la puerta rápidamente para ir a cogerlo, pero antes del segundo “ring” aún me llegó “¡Coge el teléfono, están llamando!”.

Ferran Cerdans Serra, 2000
Traducción del original en catalán ("l'última retransmissió")publicado en la recopilación de cuentos del autor "Revolta Alcalina" el Marzo de 2001.
Publicado en el periódico Gara el 19/04/2000. Ilustración de TASIO