propaganda violenta (esp)

Relato breve

propaganda violentaLo peor que le puedes hacer a un monstruo de cuento de terror es bostezarle en la cara, apoyado con una mano en la pared, mientras con la otra haces el gesto de espantar moscas.

La enorme rata que bloqueaba el pasadizo, incrédula, se arrancó las orejas y se las tragó de un golpe. Retrocedió y se fue por el balcón, pasando por el comedor.

Una vez solo, pensó que le habría gustado domesticarla para calentarse los pies, en invierno, mientras le rascaba la barriga con un tenedor.

Entró en el baño a lavarse la cara con agua fría. La noche antes había bebido mucho, y a cada movimiento brusco parecía que se le desgarrara el cerebro. Sentía como miles de neuronas morían en su interior, agonizando entre líquidos putrefactos.
Se secó y colgó la toalla. Yendo para el balcón, cogió una butifarra de la nevera, y los níscalos que había limpiado el día anterior. Una vez fuera, separó los de pie vacío, rasgó la butifarra con los dientes y los rellenó. Después encendió la barbacoa, esparció unos cuantos sobre la parrilla y los aliñó con aceite.

Esperó, oscilando, a que se fueran asando. Se mantenía derecho, pero el equilibrio era forzado por continuos cambios de posición. Los pies no se movían del suelo, pero su cuerpo pendulaba como un jamón empujado por el viento, aunque cabeza arriba.

Unos días antes habían levantado un cartel justo delante de su bloque, en los límites de la ciudad. Una mujer y dos niños, sonrientes todos, les invitaban a unos grandes almacenes, supuestamente para acceder a algún tipo de felicidad. De mientras, el padre y marido debía estar en el comedor mirando la tele, o al menos no salía en la foto.

Colgó la sábana en la baranda dos días después. Había escrito, con pintura negra, “NO TENGO TRABAJO”.

A su respuesta la habían seguido la de Said, “¿CON QUE DINERO?”, un piso encima del suyo, y la de María, de dos casas más arriba, “¡¡LADRONES!!”.

Un golpe de viento le arrancó la pancarta de un extremo, que empezó a azotar la baranda, y se giró para asegurarla con un trozo de cuerda.

El cartel continuaba delante suyo, insolente, molestando.

Entonces vio a Morgan detrás de uno de los pilares, sacudiendo las últimas gotas de una botella por el suelo, y como se apartó y dejó caer, como quien tira las llaves al llegar a casa, un cartón ardiendo. Hubo un bluf apagado y el cartel se inflamó.

Morgan desapareció por la esquina y los vecinos, alborotados, lanzaron todo lo que tenían al alcance: Piedras de las macetas, pinzas de la ropa, hasta alguna bola de petanca y un periódico, que después de revolotear un poco cayó al patio de abajo.

El cartel estaba lejos, ni siquiera lo acertaron, pero la sensación de victoria valía la pena, y en el momento más inspirado de la hoguera, cuando ardía entero hacia el cielo, todo el mundo aplaudió.

Ferran Cerdans Serra, 2000
Traducción del original en catalán ("propaganda violenta")publicado en la recopilación de cuentos del autor "Revolta Alcalina" el Marzo de 2001.
Publicado en el periódico Gara el 14/04/2000.

• revolta alcalina • • 2000

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