Nunca había estado tan cerca de una oveja. Tras una alambrada, sobre el camino carretero por donde paseaba aquella mañana, lo había observado fijamente, dejando de pastar.
Desde allí arriba, aquel rostro intimidatorio le hizo bajar la cabeza dos o tres veces. La curiosidad lo había obligado a volver a mirar, en inferioridad de perspectiva, aquello que lo aterrorizaba.



