Lo peor que le puedes hacer a un monstruo de cuento de terror es bostezarle en la cara, apoyado con una mano en la pared, mientras con la otra haces el gesto de espantar moscas.
La enorme rata que bloqueaba el pasadizo, incrédula, se arrancó las orejas y se las tragó de un golpe. Retrocedió y se fue por el balcón, pasando por el comedor.



